«TUS MANOS EN EL CALEIDOSCOPIO» es el título de la serie de Cuadernillos que empiezo a editar junto al pintor José Luis Navarro. Desde hace unos años nuestra colaboración se difunde a través de guasap. Era una forma de contravenir el flujo de instantaneidad de este medio de comunicación, tan milagroso como alienante. Pensar que, como en el caso del correo electrónico, un mensaje atraviesa el mundo hasta alcanzar la antípoda, es realmente emocionante. Lo que no lo es tanto es la necesidad de respuesta y atención inmediata. Para nosotros es un río donde remansar su flujo impetuoso. La llamada de atención para la quietud y la espera.
En el prefacio señalamos que «En la virtud de lo incierto radica ese edén intangible donde la creación se merece a sí misma. En su búsqueda nos hallamos como expedicionarios hacia lo desconocido».
En el siguiente enlace podéis descargaros el Cuadernillo número 1 del proyecto «Tus manos en el caleidoscopio»:
https://drive.google.com/file/
«...una piedra, una hoja, una puerta ignota; de una piedra, de una hoja, una puerta. Y de todas las caras olvidadas».
Tomo entre mis manos su calor. El pajarito se acurruca. Me recuerda al poema que, a pesar de abrir las manos para liberarlo, prefiere quedarse conmigo. Me alivia del olvido que prende la materia inflamable de las palabras que crean mundo para extraviarse.
«Desnudos y solos llegamos al desierto. En su oscuro seno, no conocimos el rostro de nuestra madre. Desde la prisión de su carne, vinimos al prisión indecible e inexplicable de este mundo».
En mi soledad el pajarito -el poema- me lee. Y yo me siento leído. La piedra, la hoja y aquella puerta ignota quedan a mi abrigo. Con ellos me basta para describir esta nada circundante, No existen noticias de lo buscado. Los titulares son vanos ejercicios de reflexión importada. El cordón umbilical de mi madre es la liturgia que profeso.
«¿Quién de nosotros conoció a su hermano? ¿Quién de nosotros observó el corazón de su padre? ¿Quién de nosotros no estuvo siempre prisionero? ¿Quién de nosotros no será un extranjero solitario?».
He dejado en la ventana su sombra. El pajarito se ha desprendido de ella. Ya no está conmigo. El poema ha volado con el pico ardiente de las preguntas sobre las caras olvidadas que somos en este presidio. Pero el pajarito -el poema- ha regresado. Y con él la luz del cometa desprendido de su origen, como nosotros: el duelo por este quehacer que no cesa en cavar en la oscuridad.
Con la compañía de Thomas Wolfe, escritor estadounidense, y los tres primeros párrafos de su primera obra «El ángel que nos mira» (1952).
«El pajarito».
Témpera y acuarela. 29,7 x 42 cm
Obra pictórica de José Luis Navarro.
Pedro Luis Ibáñez Lérida.


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