sábado, 30 de agosto de 2025

La quietud y la espera

DE REPENTE, LA QUIETUD Y LA ESPERA me han asaltado. Ya venía barruntando, tiempo atrás, esta afirmación de tiempo nuevo en el devenir de los días, ausentes de sosiego y reposo. Detenerse es una forma de espera. También de declaración íntima: el tránsito, acentuado por el vértigo o la armonía, lo es en la medida que somos. En cada paso la distancia se aproxima o aleja, pero, al fin y al cabo es nuestro sino y la suma de la longitud invisible del camino emprendido. Ayer, hoy, mañana y la salvedad circunstancial de ser y estar en ellos. Nada más. 

En las anotaciones de este cuaderno celeste titulado Oriopandó, 114, subyace la evocación por lo vivido, leído, contemplado, reflexionado y amado. La belleza se erige en Puerta del Sol desde la que atisbar la luz renacida en el asomo de cada latido. Mas también en la loa a la memoria de los míos. Gitanos que vivieron en el corral de vecinos de la calle Sol de Sevilla, en aquel número. En caló oripandó significa sol o amanecer. De ahí este sustantivo entroncado a una de las quince puertas de la muralla almorávide que circundó a esta ciudad milenaria. Era el acceso más oriental, de ahí el aura heliopolitana que detentaba. 

Me acompañarán los libros y el arte en general. Si bien hago mío el pensamiento del autor inglés John Stuart Mill, extraído de un breve Diario, iniciado el 8 de enero de 1854 y finalizado el 15 de abril. La anotación corresponde al 21 de febrero, «Tan lejos están las obras de la naturaleza de ser superiores a las del arte, que cuando un delicado instrumento artificial -un reloj, por ejemplo- se estropea sin que sepamos por qué tenemos la sensación de que casi parece una pieza de la maquinaria de la naturaleza, un ser viviente». En ese tiempo la enfermedad pulmonar de su esposa y la suya propia con síntomas de tuberculosis, lo mantenía en un estado emocional de cierta inquietud y zozobra. Su propósito era fundamentalmente experimental. Como así lo declara en la breve introducción, comprobar «qué efecto se produce en la mente cuando uno se obliga por lo menos un pensamiento cada día, que merezca la pena ponerse por escrito».

Mi profundo agradecimiento a los lectores que abran el cuaderno e inviertan su precioso tiempo lector en esta sencilla escritura. También, y sobre todo, el reconocimiento a quienes la obvien. En la aventura lectora la selección va implícita como oficio noble. La audacia no se supone y todo buen lector tiene el compromiso irrenunciable e insobornable de ejercerla ante cualquier texto. Por más que la mercadotecnia editorial halla convertida la obra de arte -y el libro lo es- en mero objeto de consumo.

En el año 1983 Enrique Morente adapta en el disco «Cruz y Luna», acompañado de los guitarristas Enrique de Melchor y Paco Cortés,  poemas religiosos de autores cristianos e islámicos nacidos en la península ibérica. Entre ellos San Juan de la Cruz, poeta místico del siglo XVI. Junto a Santa Teresa de Jesús fundó la Orden de las Carmelitas Descalzos. El tango «Aunque es de noche» alcanza esa festiva meditación espiritual de la verdad derramada por la frescura y rumor de la fuente. El gozo de la claridad espera tras la senda oscura.

Pedro Luis Ibáñez Lérida




Tus manos en el caleidoscopio

« TUS MANOS EN EL CALEIDOSCOPIO »   es el título de la serie de Cuadernillos que empiezo a editar junto al pintor José Luis Navarro. Desde h...